Estas cosmopolitas pampas siempre me deparan una alegría. La mañana amenazaba con clarear, ya habíamos levantado las mesas, despachado a los dos Luises en sendos taxis y justo cuando me disponía a cerrar las puertas y dirgirme al camastro que mi benefactor me presta justo al lado de los baños del bar, cuando entró con gracia bamboleante una dama de singular belleza. Aun tras el rimmel corrido (o tal vez ese detalle me ayudó)pude reconocer a una vieja conocida, becaria profesional -colega mia- la protodoctora Ada Teresa Reven. Nos estrechamos en un abrazo y ella de la emoción me vomitó en el hombro...
Y en la radio sonaba esta canción
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario